Es penoso pensar que ha pasado a ser lo más importante en mi vida. Maneja la lógica que me provee de todo (R. Lira se aparece en este comentario), contacto social, conocimiento, comida. Vanas y vagas ilusiones que espontáneas se aparecen y despiden, mientras comienzo a perderme en el ritmo de la máquina, las que casi sin querer van tiñendo los colores de mis días.
Y aunque tímidamente he vuelto a tomar el bajo, y a veces las notas fluyen y estoy cómodo, lo más acertado sería decir que la música lentamente fue dejando de ser lo más importante para mi. Además hace no pocos días maté mi guitarra.
Por otro lado lo que he seguido haciendo es leer, aunque no sirva de mucho. No dejarme absorver por las lecturas determinadas por el que-hacer universitario, las estrictamente técnicas, para aventurarme en novelas y poesía. Al menos sueños me han otorgado.
Porque lentamente el viaje se aparece como un sol en la mañana. Mil paisajes por conocer se funden en el amanecer de la montaña. Los recuerdos se van con la oscuridad de la noche, y dan su últimas ternuras junto a la fogata que se funde entre los carbones y las piedras. Y ahora es el desierto el que me llama, el mítico Norte, que como decia Bolaño en un poema ("Los Neochilenos"), el Norte que imanta sueños.
Pero debo reconocer que me llama y hasta respondo con miedo. Pero un miedo que es mezcla de respeto, y novedad. En ese limbo. Prefiero no hablar más de esto, los comentarios que he hecho frente a los demás ahora me pesan. Si se hace, se hace. No es necesario más.
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