domingo, 1 de agosto de 2010

La preguntarse



Me pregunto cómo me siento.
Como si eso tuviera respuesta.
Como si la respuesta surgiera de la enunciación de la pregunta.

Una lógica de magos.


No la respuesta, el sentimiento.
Aún asi voy y me pregunto. Me encaro sin encararme.
Menos encaramarme, nada de piruetas extrañas.
Siemple y al grano.

El que explica se complica ¿O no?

Entonces voy y digo: Neutral.
Nada de heroismos, solo una historia que pretende ser especial.
O una existencia que pretende ser histórica (terribles conclusiones),
que pretende darse sentido,
ordenarse,
tomar forma, no tanto para ser coherente,
sino para comprenderse como un todo
(tituveando agregaría: conciente,
pero mejor no).

Asi secretamente me veo. Y bueno,
siento que soy como un campo,

un campo lleno de trigo, de noche,
con grillitos que cantan
y saltan
intentando llegar a las estrellas.
Bastante tierno ¿ah?
Y de alguna manera sé que se va a poner a llover.
O está lloviendo cerca.

Pero ¿Dónde están las nubes?



martes, 11 de mayo de 2010

Entonces


Escribir es como hablar solo, es como contarse la vida a uno mismo, pero sospechando que alguien te escucha en la pieza de al lado: Ya sé todo esto que escribo, pero si lo escribo es para recordarlo, para darle un orden, para alejarlo un poco de mí y pretender ser un observador imparcial. Un observador imparcial de uno mismo. Escuchar a alguien hablando en la pieza de al lado, escucharlo contarse su vida, sus sueños y frustraciones, pero es tú quien está hablando al otro lado del muro.

sábado, 17 de abril de 2010

Parece que

Hay mucha mierda que botar. Por ahora, que siga lloviendo.

martes, 6 de abril de 2010

Lo que pago.


Artículo pensado para ser publicado en El Martillo, sujeto al azar de ser publicado o no, y a modificaciones arbitrarias.

Es sabido que el precio de cada cosa entraña misterios pre-diluvianos; verdades cósmicas que, rivalizando con las cartas astrales mayas, nos permitirían develar secretos útiles para la vida en general, ya sea en comunidad-sociedad-sociedad anónima, o en lo personal del mí-mismísimo-yo. Eso si ¡En competencia perfecta! No se le ocurra meter la mano, señor Estado, mire que me empaña la pantalla y no se ve qué es lo que la gente quiere.

Entonces, hago el ejercicio de cachar (ojalá cachar a secas), de dónde vienen estos precios de lo que pago. Obvio: estos precios tienen que cubrir los costos del servicio que las sacrosantas empresas brindan a la sociedad toda, mínimo, y de ahí un par de moneas pal bolsillo.

Y en esto, voy caminando. Entro al Súper, al adorable Súper-Mercado, templo del bienestar y el pago en 3 cuotas. Mirando la cerveza en mi mano, me pregunto ¿Estaré pagando la chela helada, o algo más? Sin ser mal agradecido (tengo buena crianza señora, no se ofenda), doy gracias a Tesla que el bebestible esté helado, aún en tiempos de escasez. Pero, algo queda: de lo que pago y pagan mis congéneres consumidores, funciona esta custión.

Enumero: Estantes, colores, envases, variedad, pasillos limpios, funcionarios, tipos preguntándome si pertenezco al distinguido club, bellezas en pantalones apretados y muestras gratis, ¡cámaras de seguridad!, ¡Tipos vestidos de azul cuasi chaleco anti balas!

Y ahí me cae la teja, lo que pago también va al sueldo del estimado señor que me mira de reojo hablando al auricular. Chuta, no basta con los impuestos que mi señor padre paga y le dan vivienda a los señores de verde, no basta.

Lléndome más por las ramas, me pongo en el lugar del gerente, soy una especie de discípulo surrealista del Padre Hurtado y me pregunto, qué haría el gerente en mi lugar, ah no, no, no sirve así, es ¿Qué yo haría en el lugar del gerente?

Y desde el más allá, mezclado con la música relajante tocada por alto-parlante oigo lo siguiente: “Por más que lo intente, siempre van a haber hábiles maestros del engaño, que serán capaces de perpetuar deleznables actos de ultraje a la propiedad privada, estos robos hormigas son casi inevitables… O es muy caro evitarlos...¿Qué hacer? Simple, un porcentaje de pérdida normal, lo normal es un costo al que incurro. El costo va a precio y lo pagan todos los mequetrefes que rondan los pasillos de mi templo de la ganancia.” Lo pagamos todos. Yo pago el robo de mi compadre Lucho.

Después vuelvo a la Universidad, el templo del saber, los libros, las anécdotas, las clases, las chelas, no eso no, pero la buena onda, las rejas inter facultades y el hombre vector. Me pongo a enumerar… ¿Qué, que subieron los aranceles?

lunes, 2 de noviembre de 2009

Lloriqueos varios



Otro escrito de lloriqueo. De martirización propia, de romantizar el "fracaso".

Asi con la cosa. Terminando un resumen para contabilidad dos, la prueba es pasado mañana. Me levanto tarde, falto a una clase porque me quedo soñando. Sueño algo con harta lluvia, un pueblo un tanto añejo, una compañera de teatro, mi familia, un bajo que a ratos es contrabajo. Sueño con una torre, con un refugio, con bosques, con pubs que cambiarán de nombre. Sueño con mujeres que me quedan mirando a los ojos. Sueño con una mina que me habla de los mapuche.

Un tanto chato de lo que queda. Trabajos grupales, presentaciones, pruebas. Solo quedan dos semanas de clases y me siento ahogado. Sigo haciendome daño por lo demás, maldigo los fines de semana.

Me pongo los audifonos y escucho BATTLES, es motivante, da energía. Como lo que me pasaba con tool, pero se perdió en el tiempo.

Es decir. Estoy en la U, a punto de imprimir huevás, resumenes y ayudantías para estudiar. Pensando en ir a natación, pensando en faltar a natación, pensando en la prensentación que tengo que hacer en la tarde. Malditos deberes impuestos, si tan solo dieran la posibilidad de elegir el tema, para motivarse un poquito.

¿Y para qué me pregunta si voy a salir en halloween si va para otro lado y no me puede invitar? ¿Para qué le respondo que me quedo "estudiando", y la dejo entrar de nuevo al imaginario? No importa, total, si existe una razón, la inventamos nosotros, la ponemos ahi artifisialmente. No podríamos ser más absurdos. Quiero decir, yo no podría ser más absurdo. O quiero decir también que me gustaría ser más absurdo, más sísifo, más super-hombre, o en palabras simples: Menos Huevón.



Quiero seguir soñando y sentirme bien, porque hace tiempo que me molesta la garganta, que me molesta la universidad, que me molesta el aire de santiago, que me molestan mis cabilaciones. Soñar como fuente de inspiración, como única inspiración. Traer esas imagenes aleatorias que pueden surcar espacios infinitos de tiempo en un segundo. Traerlas y hacerlas concientes, traerlas y ser más persona.

Voy a botar el control de estadística dos.

A todo esto son las elecciones del centro de estudiantes en la facultad. Voy por la continuación de los mismos solo por el proyecto político, ya que la última gestión dejó mucho, mucho que desear. Entonces son tres listas parece, una del carrete, otra donde es apolitica, que pretende volver a preocuparse por los estudiantes, y la continuación, que aboga por reformas en aspectos académicos y de ingreso, entre otros.

¿De que sirve fomentar espacios de participación si en general el alumno de la facultad no se interesa por eso? Entonces ¿Cómo hacer que se interese, que empiece a opinar? Aqui creo que opino distinto a la lista, creo que no es necesario cambiar la composición social de los alumnos, sino que aprovechar que hay hartos cuiquitos (dícece del culiado-y-conchesumadre) que serán dueños de Chile, y cambiar su manera de pensar, cosa de que se pueda mejorar la sociedad desde arriba. Ser más sócrates, increparlos. No excluirlos con actitudes, porque obviamente nadie los ha excluido como "politica de gobierno", si se sientes excluidos es porque no están ni ahi, porque su imaginario politico es distinto, porque cada vez que opinan se les mira feo, o se les debate cruelmente (no necesariamente es malo, pero desmotiva la participación ser humillado continuamente). También siento que hay mucho exitismo, o orgullo de su propuesta, que los alejan un poco de la realidad. Falta ponerse siempre en el peor de los escenarios, falta diferenciar cada dia, cada elección como única.

En fin, creo que la propuesta actual del ceic me recuerda a eso del gatopardo, que la única manera de que las cosas sigan igual, es cambiar.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Super Mercado

Entonces los dejo esperando en la caja. Les digo que no me demoraré mucho ¿Quieren un agua mineral o un jugo, o un jugo con agua mineral? No importa, apúrate. Voy corriendo, apurado, y camino entre los estantes gigantes. Por donde mire hay botellas de colores, o transparentes que tienen líquidos de colores en su interior. Amarillas, rojas, verdes, también las etiquetas son de colores. Después de unos momentos me pierdo iluminado por las luces artificiales.

Llego a un espacio un poco más grande, donde hay largos estantes refrigerados y abiertos, es donde guardan los productos derivados de leche. No importa, hay mesas en el centro. Me encuentro con ella. Le digo que se ve hermosa. En la vida real está pololeando, pero en mi sueño no, no sé, pero está ahí. Después de un rato le doy un beso, un tanto agresivo, de la nada, apretado, a pesar de arrepentirme me quedo ahí y lo disfruto. Es una especie de despedida. Alrededor se mueven máquinas que transportan cosas, no paran nunca.

Cuando me paro me vienen a buscar mis amigos que dejé esperando. Aquí todo se torna extraño, me elevo, o me separo de mi cuerpo, y desde arriba observo cómo sería la situación si uno u otro me hubiera increpado. Uno es un hombre, la otra es una mujer. Cuando él me increpaba terminamos agarrándonos a combos.

Ya de vuelta en las cajas. Con o sin el jugo-agua-mineral, que de alguna manera sabía que solo había uno en ese galpón gigante, mecanizado, organizado, transitado por hormigas-hombres que buscan comida y luego la pagan con dinero. Como decía, ya de vuelta ahora es como si acabáramos de grabar una escena de algo. Me doy cuenta que son actores. Es decir, no era como si acabáramos de grabar una escena, efectivamente la habíamos grabado, hacíamos comentarios sobre el director, como quedaría al final, si había sido creíble o no, reímos bastante.

Pongo atención a mi alrededor y logro ver a lo lejos, en un segundo piso, en un balcón continuo al borde de este galpón, un estante-refrigerador, donde grupos de bebidas se mueven, primero hacia atrás, luego hacia un costado, desapareciendo. Ahora aparecen otras. Creo entender para qué sirve, de alguna manera nos vigilan, es una manera de decir que nos están viendo, que están ahí. Ahora aparece una lata gigante desde atrás.

Y también veo a un compañero de universidad intentando pasar con su auto en retroceso por las cajas. Es un auto antiguo, sin techo, rojo. Pienso que no podrá pasar con ese estante ahí. No, no es a esa caja, es a otra. Es un pasillo en diagonal, cabe justo, comenta cosas que no recuerdo. Con los dos extremos de una cadena presiona algo sobre el capo del auto, se prende un motor en el porta maletas, habla de su moto, su moto, su moto, ahí está su moto. A medida que va retrocediendo se puede ver un mapa en el piso, manchado. Dice que es caro, que le costó bastante y ahora está manchado de aceite negra.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Añoranzas

¿Por qué siempre hablo de la universidad?

Es penoso pensar que ha pasado a ser lo más importante en mi vida. Maneja la lógica que me provee de todo (R. Lira se aparece en este comentario), contacto social, conocimiento, comida. Vanas y vagas ilusiones que espontáneas se aparecen y despiden, mientras comienzo a perderme en el ritmo de la máquina, las que casi sin querer van tiñendo los colores de mis días.

Y aunque tímidamente he vuelto a tomar el bajo, y a veces las notas fluyen y estoy cómodo, lo más acertado sería decir que la música lentamente fue dejando de ser lo más importante para mi. Además hace no pocos días maté mi guitarra.

Por otro lado lo que he seguido haciendo es leer, aunque no sirva de mucho. No dejarme absorver por las lecturas determinadas por el que-hacer universitario, las estrictamente técnicas, para aventurarme en novelas y poesía. Al menos sueños me han otorgado.

Porque lentamente el viaje se aparece como un sol en la mañana. Mil paisajes por conocer se funden en el amanecer de la montaña. Los recuerdos se van con la oscuridad de la noche, y dan su últimas ternuras junto a la fogata que se funde entre los carbones y las piedras. Y ahora es el desierto el que me llama, el mítico Norte, que como decia Bolaño en un poema ("Los Neochilenos"), el Norte que imanta sueños.

Pero debo reconocer que me llama y hasta respondo con miedo. Pero un miedo que es mezcla de respeto, y novedad. En ese limbo. Prefiero no hablar más de esto, los comentarios que he hecho frente a los demás ahora me pesan. Si se hace, se hace. No es necesario más.